Y llegó el clima de otoño -en agosto- con tanta prisa, mucho antes de lo que esperaba. Amé este verano. Más de lo que pude expresarlo, fugaz como se fue, así lo amé.
Gracias mil a quien corresponda.
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lunes, 30 de agosto de 2010
lunes, 26 de julio de 2010
Canción para día nublado
Había que ponerle un espacio en este blog a esta canción que me encontré dentro de una caja ahora vieja. Es linda.
Favor de adelantar hasta el minuto 1:40.
Favor de adelantar hasta el minuto 1:40.
Etiquetas:
encuentros afortunados,
finales felices,
lejos
miércoles, 17 de junio de 2009
Ayer se murió una paloma en mi mano.
Era pequeña. Estaba sobre el pavimento, temblaba y se acurrucaba en ella misma. Yo bajaba la calle camino a la alberca. Oscurecía y aire amenazaba con llevarme, por fin, a mí también lejos del suelo. Creí que tendría un ala rota, así que la tomé con las dos manos y caminé hacia la casa. Pero a los cuatro pasos se agitó de tal forma que terminé por acomodarla sobre un pasto crecido. Y ahí comenzó a aletear, a abrir su pico y a cerrarlo una y otra vez hasta que dejó de hacerlo. La volví a tomar (Palomita, no te mueras). Se movió una vez más.
Nunca había visto a nadie morir así, tan de cerca. Solía siempre llegar demasiado tarde.
Extendió sus alas sobre el verde, su pico abierto se cerró al tiempo que sus ojos. Yo estaba perpleja: fue dolorosamente hermoso.
Era pequeña. Estaba sobre el pavimento, temblaba y se acurrucaba en ella misma. Yo bajaba la calle camino a la alberca. Oscurecía y aire amenazaba con llevarme, por fin, a mí también lejos del suelo. Creí que tendría un ala rota, así que la tomé con las dos manos y caminé hacia la casa. Pero a los cuatro pasos se agitó de tal forma que terminé por acomodarla sobre un pasto crecido. Y ahí comenzó a aletear, a abrir su pico y a cerrarlo una y otra vez hasta que dejó de hacerlo. La volví a tomar (Palomita, no te mueras). Se movió una vez más.
Nunca había visto a nadie morir así, tan de cerca. Solía siempre llegar demasiado tarde.
Extendió sus alas sobre el verde, su pico abierto se cerró al tiempo que sus ojos. Yo estaba perpleja: fue dolorosamente hermoso.
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