domingo, 5 de julio de 2009

Reencuentros

Revisando mis textos para terminar (por fin) el protocolo para mi tesis encontré éste de cuando iba a la mitad de la carrera (¿o sea hace 4 años?) y pasaba las madrugadas reflexionando si era posible que la memoria se convirtiera en un lugar habitable. Mmmmm...Qué bien que he madurado tanto desde entonces y esas banalidades ya no me atormentan más.

El lugar: Un problema entre nombre e imagen (fragmento).

No importa si era domingo. Tucson, Arizona. Bajo del camión con mis amigas y camino siguiendo a la maestra por el estacionamiento, el sol arriba, y el hambre: entra en un lugar, un indio tallado en madera junto a la caja (hacha en la mano, cara de pocos amigos). El letrero de “welcome” no es necesario. Huele a cafetería gringa por la mañana: tocino, mantequilla y jarabe de maple. Ya todos están sentados. Área de no fumar. Ambiente amarillo: los vidrios deben estar sucios. Las mesas llenas de familias de lugareños que hacen tanto ruido con los cubiertos. Ya todos están terminando y la señorita de azul no me ha traído mis waffles. Sigo esperando. Sigue el amarillo, sigue el ruido y el indio de mala cara, sigue (...)

Vuelvo una y otra vez a este recuerdo, al recuerdo de los waffles y me trae consuelo. Vuelvo a su nombre: Tucson, Arizona. Vuelvo a otros tantos también. Chihuahua. Voy y vengo en mis imágenes de la cabeza y me siento muy cómoda. Pienso que todos esos nombres, todas esas imágenes son sumamente habitables. Es el lugar más propio que tengo. Corrección: un lugar siempre es propio, debe serlo para poderse llamar “lugar”. Repito: pienso que todos esos nombres, todas esas imágenes son sumamente habitables; porque es propio, es mi lugar (...)

Sobre el nombre

Por mucho tiempo creí que todo estaba regido por relaciones precisas e invariables, que había determinado después de mis primeras experiencias. Como que todas las abuelas amaban los jardines, todas las mamás iban por la mañana a los aerobics, todos los aviones que pasaban sobre la ciudad llevaban dentro a mi abuelo ( porque un día vino de visita y fuimos por él al aeropuerto.) Como que los nombres propios eran únicos y tenían que ver con alguna característica específica propia del lugar o de la persona.
El primer ejemplo siempre fue la calle por donde pasaba diario al regresar de la escuela. Era muy larga y con una curva tan afilada que casi formaba una L. Su nombre: Arizona; como el resto de las calles de mi colonia, llevaba el nombre de un estado gringo. Mi calle era California, y así cada una. Entonces desconocía el mal gusto de quien hubiera nombrado a esa colonia con aspiraciones internacionales “Quintas del Sol”. A mi corta edad, igual desconocía la geografía de Estados Unidos y, sobretodo, desconocía la posibilidad de que alguien tuviera el poder de nombrar una calle así nada más, tan arbitrariamente, sin antes haber vivido en ella, siquiera recorrerla, conocerla para después poder nombrarla.

Mucho tiempo creí que la calle se llamaba en realidad Narizona, porque su curva formaba una gran nariz. Eso sí tenía sentido. En cambio, la palabra arizona no me decía nada sobre esa calle porque nada tenía que ver ni con su forma, ni con la forma de vivir ahí o cerca de ahí.
Años después conocí la verdadera Arizona, que ahora relaciono con un indio de madera y el antojo de waffles.

Al mismo tiempo, encontraba que Ana –mi hermana menor- llevaba ese nombre tan corto porque era la más pequeña. Entonces las demás Anas que conociera en adelante deberían ser pequeñas también.
Y estaba la maestra Olga, que daba clases a quinto de primaria. Era gordísima y yo pensaba que su nombre Olga venía de holgado, porque así era como tenía que vestir. Y ya había creado un prejuicio de significado para su nombre: Todas las Olgas deberían ser gordas.
No se me ocurrió que Olga no nació siendo gorda, ni que sus padres al nombrarla ignoraban que tendría que vestir holgado (...)

martes, 30 de junio de 2009

Llegada

-Disculpe señorita...
-Ah sí acá está mi boletito para la maleta, permítame.
-Oiga, soy de la SEMARNAT. Está prohibido la introducción de frutas y verduras al Estado de Chihuahua.
-¿Qué?
-Sí, usted no puede pasar esa manzana al estado.
-¿Porqué?
-Es en caso de que en esa manzana se haya parado una mosca y...
-¿Cómo? ¿Se va a quedar con mi manzana?
-Sí, esa manzana se queda aquí con nosotros para incineración.
-O sea, ¿no se la van a comer?
-No, la vamos a incinerar.
-Oiga, pero eso es un desperdicio. Mire, si está bien buena.
-Bueno, entonces cómasela toda.
-Pues eso iba a hacer, pero no tengo hambre, más tarde ¿me la llevo?
-No puede pasarla. Tiene que comérsela toda ahorita mismo.
-Bueno, déjeme me como la mitad, aunque sea a ver si me cabe.
-Nooombre ¿y luego yo qué hago con esa mitad?
-Pues se la come o la incinera.
-No puedo hacer eso, ¿y luego qué voy a poner en el acta?
-Oiga pero desperdiciar es una cosa muy fea señor.
-¿Qué quiere? (es mi trabajo)
-Bueno ¡y qué tal si hubiera traído sólo media manzana?
-Pero no...
-Señor, todo en esta vida se regresa y si usted desperdicia...
(discusión se prolonga, por eso nadie quiere a los chilangos)

tssssssss
¡Estos norteños puesn!

lunes, 29 de junio de 2009

Las palabras

Las palabras volvieron. Volvieron porque tenían que volver. Allá arriba estaban escondidas, se condensaban como nubes y esperaban el mejor momento, el más inoportuno, el día en que caminaba por esa calle donde las casas no tienen techitos para resguardarse; y es larga como las tardes de Chihuahua, y va de subida y el agua baja como un río cuando ríe y me hace reír a mí también y los barquitos piratas viajan corriente abajo mientras se roban unos a otros los tesoros de algún español ricachón, y los otros que naufragan; la misma por donde un día un eucalipto cayó desde el cielo, sobre un auto vacío color amarillo, ahuyentando a los koalas que lo habitaban (porque para cuando encontraron el árbol todos habían desaparecido); ésa por donde el propietario, tras forzar la puerta, tuvo que conducirlo agachado hasta el mecánico mientras todos los vecinos se preguntaban cómo diablos era que posible aquel surco en el techo de un auto (incluso si era amarillo); la calle donde detrás de los arbustos, junto al tercer poste, bajo la tierra habita una tortuga con la cabeza deforme como cono, después de que sus dueños la atropellaran al sacar el auto por la mañana de un lunes de prisas (motivo por el que ella nunca se dignó a volver al hogar, aunque detrás de los arbustos aún los espía). La calle sobre la que, hasta el final, donde dan vuelta las hormigas cuando se mudan de casa al ponerse el sol, hay una casa blanca de grandes ventanas con cortinas rojas y adentro asomada está una niña con ganas de salir descalza a mojarse...

Entonces comenzó a llover. No traía paraguas (parapalabras). Pero hacía tanto calor sin ellas que hoy que han regresado no quiero protegerme de su caudal, incluso si causa –otra vez- estragos. Que no se vayan nunca.
Menos hoy que regreso al desierto. Menos hoy que en este aeropuerto mi acompañante es una mochila enorme y casi vacía (con una cámara y una manzana haciendo eco dentro). Menos hoy que al fin concluyo este viaje de regreso.
No, hoy no. No se vayan. Si necesito convertirme en cactácea, lo haré, me plantaré y esperaré con paciencia a la lluvia.
.
Las palabras regresaron y tengo tanto qué decir. Volvieron, como un montón de mariposas, el día en que yo creí que ya no volverían.

miércoles, 17 de junio de 2009

Ayer se murió una paloma en mi mano.
Era pequeña. Estaba sobre el pavimento, temblaba y se acurrucaba en ella misma. Yo bajaba la calle camino a la alberca. Oscurecía y aire amenazaba con llevarme, por fin, a mí también lejos del suelo. Creí que tendría un ala rota, así que la tomé con las dos manos y caminé hacia la casa. Pero a los cuatro pasos se agitó de tal forma que terminé por acomodarla sobre un pasto crecido. Y ahí comenzó a aletear, a abrir su pico y a cerrarlo una y otra vez hasta que dejó de hacerlo. La volví a tomar (Palomita, no te mueras). Se movió una vez más.

Nunca había visto a nadie morir así, tan de cerca. Solía siempre llegar demasiado tarde.

Extendió sus alas sobre el verde, su pico abierto se cerró al tiempo que sus ojos. Yo estaba perpleja: fue dolorosamente hermoso.

jueves, 11 de junio de 2009

La mejores frases las aprendí en las películas

1- Pink lemonade: not too sweet, not too sour, just too pink
2- Do you want a fresh one?
3- Eso es pa las viejas y yo soy muy macha.
4- Worse than the total agony of being in love?
5- Una flor sin duda...
6- Si te gusta el frijol, pues vas...
7- It's not me, it's my bodyguard!!!
8- These men are nihilists, there's nothing to be afraid of.

9- Dame la pistola para dormir tranquila.
10-No que ahora véanme: demacrada y marchita, desterrada, exhiliada y ¡muerta de hambre!
11-Pitty, maybe the dogs are hungry.
12-Crème brûlée can never be Jell-O.

13-Excuse me, are we a little teapot?
14-Hello, stranger.
15-Why can't I have a normal boyfriend!!

16-La ciencia ha demostrado que sólo existen tres tipos de hombres: mi papá, mi papacito ¡y esos putos!
17- Why do I fall in love with the first woman who shows me the slightest bit of attention?
18- Tienes tu talento, limitadito, pero lo tienes.
19- ¿El marido de una abrazando a la otra, y el hermano de la otra besándose con la mujer de su marido en sus propias barbas?
20- Adio pepino! torna presto!

A ver, adivinen de qué pelis se tratan.

martes, 9 de junio de 2009

Las fotos prometidas





Por cierto que la bolsa sigue ahí, pero ya no hay flores.

domingo, 17 de mayo de 2009

Nuevo blog

He decidido que éste será mi nuevo hogar cibernético (aquí tenemos vista al mar)

Pónganse cómodos en lo que limpio un poco.
¿Qué les puedo ofrecer: café, té, monstruo?